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Mostrando entradas de junio, 2016

Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

¿Rencor yo? no que va, los muertos no somos rencorosos

Estuve entre vosotros pero me olvidasteis como se olvida un mueble viejo en un rincón.  Cuando el silencio de mi soledad tejía telarañas me armé con un escudo de fortaleza, una fortaleza tan frágil como el cristal que al llegar la noche se rompía en mil pedazos y que nadie me ayudaba a restaurar.
Nunca fui juez, tampoco parte de vuestras fiestas y alegrías. Me cargasteis el papel de Atlante sosteniendo el peso de vuestros problemas; de los míos fui como el faquir que traga el fuego para expulsarlo. Nunca os importó. Y ahora ¡qué coño hacéis derramando lágrimas sobre mi tumba! En realidad no es dolor, no es más que remordimiento o simple postureo hipócrita compitiendo en comportamiento social.  Es raro, debería odiaros, maldeciros, pero no es eso lo que siento. Solo me dais pena. Vuestro egoísmo os une, hacéis una feliz familia. Os deseo mucha felicidad hasta que vuestras puñaladas traperas os separen, que será más temprano que tarde. Porque la envida la carga el diablo. Aunque no le hace…