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Mostrando entradas de 2017

Me está mirando (VIII)

No había mucha gente en la cafetería, solo media docena de clientes diseminados por el local, apuraba el café mientras miraba el reloj, el agente Anderson se retrasaba. El oficial Smith decidió pedir otro café, miró de nuevo el reloj. Oyó la puerta, detrás de un hombre de mediana estatura apareció Anderson que parecía algo apurado. Se acercó a la barra a pedir que le llevaran el café a la mesa donde se encontraba el oficial y tras saludar al camarero avanzó hasta la mesa donde le esperaba.
-Perdone oficial, hubo un pequeño problema en el hospital y no he podido venir antes-se excusó.
-¿Y García, que tal va?-miró fijamente a su interlocutor. Anderson tragó saliva. 
-No creo que despierte hasta mañana-respondió mirando al café.-No tuve otra opción, el doctor Marcus me ordenó que le pusiera un potente calmante.
-Debió ser una magnífica actuación la de García-ironizó Smith.
-De Óscar, hasta yo mismo pensé que estaba fuera de sí, de no ser porque me guiñó el ojo, pero ya era tarde...ya le había…

Me está mirando (VII)

-Mira Emy, este es el nuevo celador del que te hablaba, ¿verdad que es guapo?-le preguntó la señora Svenson a su hija dirigiéndose al agente Anderson. El agente esbozó una amplia sonrisa al mismo tiempo que se sonrojaba. No estaba acostumbrado a que le piropeasen.
-No es para tanto señora Svenson, soy un tipo normal, del montón-contestó quitándose importancia. -La verdad es que no está nada mal, pero nada mal-recalcó la enfermera Johnson La doctora se fijó ampliamente en el agente y dio su aprobación. -Lo cierto es que sí, es un joven muy guapo y atractivo-se rió. -Me van a sacar ustedes los colores-bromeó  -Bueno siento ser aguafiestas, pero es hora de volver al trabajo-atajó la enfermera Johnson. -Vaya, ahora que se empezaba a poner la cosa interesante...-dejó caer la doctora. Al llegar a la puerta de entrada se encontraron con un paciente fuera de sí, al aproximarse para echar una mano se dio cuenta de que aquel paciente le resultaba familiar, era el sargento García. 
Anderson se quedó impr…

¡Me está mirando! (VI)

Pasaron al jardín anexo al hospital, el buen tiempo les acompañaba. Desde lejos observaron a Mac Farlane que no les quitaba ojo de encima, decidieron que lo mejor sería hablar fuera del campo de visión de la enfermera jefe, doblaron la esquina y se sentaron en un banco, a la sombra de un gran eucalipto.
-¿Fumas?-preguntó la enfermera ofreciéndole un cigarrillo.
-No, lo dejé hace tiempo-respondió Anderson.
-Haces bien, yo he intentado dejarlo infinidad de veces, pero soy demasiado débil de voluntad-contestó ella mientras encendía su cigarro.
-No debes rendirte, quizás algún día lo consigas
-¿No te molestará que fume, verdad? porque si es así lo apago, no hay problema.
-No, no me molesta-mintió.
-Bueno, voy a contarte la historia antes de que aparezca Mac Farlane y nos eche a los perros. Fue ella y la entonces enfermera jefe quienes me contaron la historia.
La doctora Emily Svenson estaba tratando a un paciente con bastantes problemas. Era payaso en un circo muy importante, aunque no recuerdo a…

¡Me está mirando! (V)

El agente Anderson parecía adaptarse bien a su nuevo trabajo, la jefa de enfermería, Alice Mac Farlane-una mujer menuda y de carácter mahumorado- le había asignado como ayudante de la enfermera Johnson. La enfermera Johnson le había comentado que sabía de qué humor estaba Mac Farlane solo con ver el color de pintalabios que había escogido ese día: el rojo carmesí indicaba buen humor, el rojo más apagado era señal de mal humor y ese día no estaba precisamente de muy buen humor, ese día había olvidado pintarse los labios. Tenía cara de haber dormido poco en los últimos días, las ojeras y el aspecto macilento de su rostro la delataban. La enfermera Johnson pensó que lo mejor sería no hacer demasiadas bromas con ella.
Llegaron a la habitación 222, la Sra. Svenson cepillaba su pelo rubio lentamente como si de un ritual se tratara. Anderson y la enfermera Johnson la miraban desde la puerta embobados, ella los había visto a través del espejo de su tocador y saludó sin dejar de cepillar su med…

¡Me está mirando! (IV)

El inspector Hoffs repiqueteaba nervioso con los dedos la mesa de su despacho, esperaba la llegada del Dr. Marcus, el director del Hospital Psiquiátrico J. Svenson. Sobre la mesa de oficina, el ordenador parpadeando y el sobre con el informe de los resultados de la autopsia del Sr. Martin. 
Al cabo de diez minutos interminables, el doctor Marcus, apareció escoltado del oficial Smith y del agente Anderson; los tres habían sido citados horas antes por el inspector. Tras las presentaciones de rigor, el inspector procedió a leer el informe y las conclusiones. El informe forense no dejaba lugar a dudas: James Martin de 60 años de edad y natural de Massachusetts, había sido asesinado con un arma cortante, que con total seguridad podría ser instrumental quirúrgico y, por lo tanto, sería muy fácil para el asesino borrar las huellas de sangre sin dejar rastro y ocultarla; eso explicaría que no hallaran el arma homicida en el lugar del crimen. El asesino o asesina había tomado la precaución de e…

¡Me está mirando! (III)

Estaba pensando en la conversación que había mantenido minutos antes con el oficial Smith, de repente le vino algo a la cabeza, cuando el oficial estaba hojeando las láminas solo había nueve y no diez. Desató la carpeta de cuero negro y empezó a pasar una tras otra, faltaba la décima. 
-¡Mierda, otra vez no!-exclamó llevándose las manos a la cabeza. Salió corriendo de su despacho por el pasillo del hospital, llamó a la enfermera Johnson que salió tras ella. Se pararon en la habitación 222, allí estaba abrazada a la lámina con la habitación patas arriba.
-¡Chica mala!- Le regañó.-¿No te he dicho mil veces que no debes tocar los papeles de mi oficina?
-Tenía que darle las buenas noches al abuelo-le dijo la mujer aferrándose a la lámina.
-Mamá, solo es un papel con manchas de colores, no es una fotografía del abuelo.-Le dijo la doctora acariciando el pelo de su madre.-Tienes fotos del abuelo en el álbum para verlas. Volvió a acariciar el pelo rubio casi dorado de su madre, la miró a lo ojos …

¡Me está mirando! (II)

La mañana había sido un ir y venir de agentes de policía, prensa y curiosos. La tarde no se presentaba mejor, en la consulta de la doctora Svenson, el oficial Alan Smith, esperaba impaciente a la doctora. El diván de cuero negro de la consulta contrastaba con el blanco impoluto de la pared y el resto del mobiliario, solo la silla de escritorio de la doctora y las dos de los acompañantes de color azul oscuro parecían dar una leve nota de color. Sobre la mesa un par de hojas en blanco y un bote con bolígrafos, un teléfono de color gris y una agenda con dibujos con mandalas de distintos colores. Seguía curioseando cuando de improviso, se abrió la puerta. El oficial se giró sobresaltado.
-Buenas tardes doctora, supongo que le habrán avisado, soy Alan Smith el oficial encargado del caso.-Dijo él tendiéndole la mano-.Sé que ya ha hecho su declaración en la comisaría, pero me gustaría hacerle unas preguntas si no le importa.
-Buenas tardes oficial, sí ya me ha avisado el doctor Alvarado, pero …

¡Me está mirando! (I)

-¿La doctora Svenson?
-Sí soy yo, pero pase no se quede en la puerta.
-Mi nombre es Martin.
-Bien Sr Martin, tome asiento. Enseguida comenzamos.
Tras anotar los datos personales, la doctora Svenson tomó una carpeta cuero negro, la abrió y sacó unas láminas. Las ordenó lentamente mientras observaba minuciosamente el aspecto de su paciente. El señor Martin aparentaba menos de sesenta años, que era lo que le había dicho, parecía algo tímido y nervioso. Se mordía continuamente los labios y se arrascaba continuamente el antebrazo izquierdo.
-Le voy a mostrar unas láminas, quiero que me diga qué le sugiere la imagen.
-Como usted diga-asintió él.
La doctora le mostró la primera lámina.
-¿Qué ve en esta lámina?
La miró detenidamente, sus ojos grises se esforzaban por encontrar un sentido a aquella imagen. Hizo una mueca y se encogió de hombros sin saber qué decir. Al final se decidió a responder.
-Solo una mancha negra.
-Bien, ahora le mostraré otra.
Hizo exactamente lo mismo que con la lámina anterior.
E…

Infelice

No, nunca me fue fiel. Iba de un lado para otro, de puerta en puerta, de ciudad en ciudad. Apenas algunos días duraba su lealtad, después volvía a desaparecer. Una mañana, discutimos, me dijo que se había hartado de mis celos obsesivos, que no se debía a una sola persona y la felicidad se marchó. 
Mi vida transcurrió empapada en litros y litros de depresión. Dibujando arcoíris en blanco y negro en mi habitación. Debieron pasar años, tantos para no recordar. Por no recordar, tampoco recordaba el rostro ajado por los años que me devolvía ese triste espejo. Hasta que una mañana alguien entró por la puerta. ¿No me conoces? me preguntó. No, han pasado los años, mi memoria no existe, la salud también me abandonó. Lo siento, yo no la conozco. Y me senté en el viejo sillón mirando la ventana como quien espera ver a alguien.  Me miró a los ojos, me extendió su mano y me dijo: ¡sígueme! A sabiendas que ya poco me quedaba por vivir, tomé su mano y la seguí...


¿Objetivo Eurovisión?

¿En serio? pues yo pensé que estaba viendo Objetivo Sony Music Spain colocando a su pupilo Manel Navarro por todo el morro. Con lo bien que estaba yo disfrutando del Melodifestivalen con mi mujer, esos sí que saben organizar eventos musicales, lo de aquí es otra historia. Comparando lo que hace ahora TVE con los programas musicales que hacía antaño con menos medios, los de ahora son una cutrez y de la gorda. La realización, el sonido y todo en general es cuando menos mejorable y mucho. Ya podían aprender en todos los sentidos de los países del entorno. Pero no, aquí no están por la labor. Lo malo es que les da igual.

Después de ver que desde hace un mes aproximadamente cierto miembro del jurado, un tal Xavi Martínez, locutor de los 40 principales tuviese la poca delicadeza de mostrar sin reservas su preferido no me hacía gracia ver lo que podía pasar.




 Pero Chris, mi mujer, se empeñó en verlo. Nuestros amigos de Suecia, entre ellos la familia de Chris, también decidieron ver aquello, po…

El maldito resfriado

Con este frío no hay quien se libre de pillar un resfriado, y no por el frío en sí mismo, sino porque el virus se propaga con más rapidez ya que en invierno pasamos más tiempo compartiendo espacio con otras personas en vez de estar al aire libre. En el momento que hay alguien resfriado a nuestro alrededor es inevitable que el virus del resfriado nos lo llevemos con nosotros. Y claro con el frío que está haciendo estas últimas semanas permanecer mucho tiempo en la calle no es que sea algo muy apetecible. 
Yo para no ser menos que el resto, faltaría más, me pillé mi resfriado. Es que soy muy solidario. Lo curioso de cuando estás resfriado es que todo el mundo tiene un remedio que, según ellos, es mano de santo y se te quita al instante. Tú por si acaso pruebas, porque estás con una congestión bestial, imaginad el panorama: ojos saltones tipo camaleón cabreado, la nariz más que nariz parece un pimiento morrón, voz congestionada, sordera a tiempo parcial, dolor de garganta y una tos con ai…