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Mostrando entradas de junio, 2017

Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Infelice

No, nunca me fue fiel. Iba de un lado para otro, de puerta en puerta, de ciudad en ciudad. Apenas algunos días duraba su lealtad, después volvía a desaparecer. Una mañana, discutimos, me dijo que se había hartado de mis celos obsesivos, que no se debía a una sola persona y la felicidad se marchó. 
Mi vida transcurrió empapada en litros y litros de depresión. Dibujando arcoíris en blanco y negro en mi habitación. Debieron pasar años, tantos para no recordar. Por no recordar, tampoco recordaba el rostro ajado por los años que me devolvía ese triste espejo. Hasta que una mañana alguien entró por la puerta. ¿No me conoces? me preguntó. No, han pasado los años, mi memoria no existe, la salud también me abandonó. Lo siento, yo no la conozco. Y me senté en el viejo sillón mirando la ventana como quien espera ver a alguien.  Me miró a los ojos, me extendió su mano y me dijo: ¡sígueme! A sabiendas que ya poco me quedaba por vivir, tomé su mano y la seguí...