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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

El pianista I

     Tarde de otoño, el cielo empieza a adquirir cierto tono grisáceo, casi metálico, amenaza lluvia. Empieza a llover, y el GPS indica que debe tomar la primera salida y seguir la carretera secundaria para después enlazar con la nacional 623 hasta llegar a la ciudad de destino. Marcos quiere llegar al hotel antes de que anochezca. Está algo nervioso pues debe dar una conferencia sobre Economía en la Universidad, se juega mucho, estarán presentes altas autoridades académicas no solo a nivel nacional, sino internacional, amén de la Ministra de Economía. Para calmar los nervios al volante, Marcos -gran enamorado de la música clásica-acciona el lector de Cd´s del vehículo todoterreno, en esta ocasión y acompasando el ritmo de la lluvia suena el Canon en D mayor de Pachenbel.

    Lo que antes era una lluvia tranquila ahora se torna tormenta, la lluvia empieza a caer con más virulencia, parece como si el cielo estuviera enfurecido. Marcos empieza a ponerse nervioso, no le gusta el aspecto que ha tomado el tiempo. Tiene un presentimiento de que algo va a suceder.
-¡ Sólo falta que ahora se me parase el coche con la que está cayendo! piensa en voz alta.
  Acaba de llegar a la altura de un grupo de casas, cuando el testigo del coche empieza a parpadear y suena una alarma que indica que algo no funciona bien...-
-¡No puede ser, ahora no! El testigo luminoso del aceite y de la batería le indican a Marcos que de momento el viaje se para allí, en medio del chaparrón.
¡Mierda se paró, si lo sabía, sabía que algo tenía que suceder! cabreado se mira el reloj.
   Son las cinco y media de la tarde y el Ssanyoung color negro de Marcos se ha quedado averiado ante lo que parece un palacete señorial. Marcos maldice su suerte, pues para colmo no tiene cobertura en el móvil, debe ser por la tormenta, piensa Marcos. Al cabo de unos segundos escucha una bella melodía y se queda extasiado. Es el sonido de un piano, y parece provenir del palacete. Mira a través del cristal y se fija que en la parte superior del palacete hay una luz encendida. La música que sale del palacete es una melodía bellísima aunque al mismo tiempo evoca tristeza, parece el llanto por el amor perdido que brota en forma de notas musicales arrancadas del alma del piano. Pero ¿quién puede tocar así? Sin dejar de pensar en ello, ni en la tormenta que está cayendo, Marcos sale del vehículo, y mientras la lluvia resbala por su rostro empapándose cara y ropas, se dirige a la casa como un sonámbulo. Es tal su curiosidad que no repara en nada, solo quiere saber quién es el virtuoso del piano.Sólo quiere saber quien es capaz de vislumbrar con tanta claridad el alma del piano y arrancar de ella esas notas sublimes. Se aproxima a la casa, y llama al timbre, pero nadie responde. Comprueba que la verja de la fachada principal está abierta, por lo que decide adentrarse aún más, la música sigue sonando, Marcos llega hasta la puerta de la casa, que para su sorpresa está entreabierta. Llama pero nadie responde. Sube por las escaleras hacia el piso en el que había visto la luz, hacia la habitación de dónde procede la música. Siente que el corazón late con más rapidez de lo normal, a medida que sube la respiración se hace más ruidosa, son los nervios que le empiezan a dominar. Cuando se encuentra ante la puerta de la habitación, llama y la música deja de sonar. Parece que nadie responde, así que toma la decisión de abrir la puerta.... ¡Nadie, no hay nadie! Pero oye un ruido, ve que en la habitación hay otra puerta que da a una escalera, por lo que sale corriendo para dar caza al misterioso pianista ¿por qué huye? Baja las escaleras a toda prisa, pero no logra alcanzarle, acaba de huir por el jardín, y apenas ve una silueta, que no logra diferenciar a causa de la lluvia. Está claro que el misterioso pianista debe conocer bien la casa. Al llegar a la altura del todoterreno vuelve a tener cobertura en su móvil. Así que decide llamar al seguro de su coche, para que le envíen una grúa.¡Lástima que no haya podido dar con la persona que había estado tocando el piano! Debía contárselo a su amigo Roberto,  un cazatalentos importantísimo. De verás aquella persona era un genio del piano.

continuará.

Comentarios

  1. Esto quiere decir que lo vas a terminar ;P

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  2. Si y los que estaban ya hechos mejorarlos en lo que se pueda ;)

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
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   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


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