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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Déjà vu



  Esa mañana había amanecido con algo de niebla, Lidia y Germán iban camino al hospital en el que trabajaban como Auxiliares Técnicos Sanitarios, por la radio oían las bromas del programa de Lévantate y Cárdenas. Al coger el desvío para incorporarse a la autovía del Mediterráneo vieron a un coche oscuro hacer un extraño y dar varias vueltas de campana. Horrorizados pararon el coche y colocaron los triángulos de señalización, y mientras Germán llamaba a la ambulancia Lidia cogía el botín de emergencia para atender a los posibles heridos.

   Sólo había un hombre de unos cuarenta años que al parecer había sufrido varios cortes, pero nada grave.
-¡Ayúdame! le gritó el hombre. Lidia le calmó diciéndole que no se preocupase que estaba en buenas manos. Procedió cuidadosamente a curar las heridas y vio que la de la pierna tenía mal aspecto, estaba a la altura de la vena femoral, así que decidió practicarle un torniquete, pero cuando estaba haciéndolo, oyó el ruido de armas y el batir de sables, pero....¡Cómo diablos! Levantó la vista y vio mucho humo, la carretera había desaparecido y un hombre tendido en el campo de batalla le gritaba ¡Ayúdame! A lo lejos se divisaba una batalla encarnizada entre hombres vestidos de uniformes, eran....casacas napoleónicas, y el hombre que le solicitaba ayuda llevaba un uniforme de granadero español. Estaba herido en la pierna a la altura de la femoral y cuando se disponía a curarle, oyó un cañonazo. Giró la cabeza y contempló con cierta angustia como caían muchos hombres, la batalla se hacía cada vez más cruenta, ella se afanaba por hacer un torniquete lo más rápido posible. Un mando del ejército español se acercó y le preguntó que como iba el herido y si estaba en condiciones de volver al campo de batalla. Al instante se oyó otra explosión y todo se nubló, había mucho polvo y no le dejaba ver nada, sintió como un líquido frió por su cara. Había empezado a lloviznar, el humo le impedía respirar en condiciones y sentía algo de escozor en la vista. Se frotó los ojos y el humo había desaparecido y su compañero la llamaba avisándola que la ambulancia ya estaba cerca, ella miró al herido y creyó reconocer al hombre que estaba allí tirado sobre el asfalto.
-No sé su cara me resulta familiar, ¿nos conocemos? 
-No sabría decirle- le respondió ella algo aturdida por lo sucedido. 
  Cómo iba a explicarle la visión que acababa de tener, era como si esa situación ya la hubiera vivido pero en otro lugar y en otro tiempo. Al llegar la ambulancia, el médico les felicitó por su trabajo y aquel hombre se despidió de ella. Germán le preguntó a Lidia que de qué lo conocía y ella le contó lo sucedido. Germán le dijo que esa situación le llamaban un déjà vu.

Comentarios

  1. Un déjà vu a dos, porque a ambos le sonaba su cara. Quizá el recuerdo de un momento vivido anteriormente? o también puede que un bucle del tiempo.

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a