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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Obsesión IV

En una habitación gris y sin ventanas se encuentran Judith y María de la Riva. La iluminación es escasa, y el centro de la habitación la preside una destartalada mesa de madera y dos sillas. En un rincón hay dos viejas literas, al otro extremo un biombo de color negro oculta un pequeño lavabo y un pie de ducha. Las dos examinan minuciosamente la habitación y luego se miran la una a la otra fijamente, al principio no dicen nada. Pasado unos segundos María rompe su silencio...
-No entiendo esta situación-comenta María con cierta desesperación.
-¿Qué diablos está pasando?-pregunta enfadada Judith.
-Eso mismo me pregunto yo-le responde María.-Ignoro qué mente enferma ha tramado toda esta farsa y mucho menos qué es lo que busca.
Al instante, alguien abre la puerta de la habitación. Un encapuchado señala a Judith y le ordena que le siga. Al dirigirse hacia la puerta Judith mira hacia atrás, a María, con cara de miedo. El encapuchado la coge del brazo y la obliga a salir. Judith le propina una fuerte bofetada y el encapuchado se la devuelve. 
 Al cerrarse la puerta, María se sienta sobre la litera y preocupada por la suerte de su compañera y luego se echa a llorar.
 Judith sigue al encapuchado por un largo pasillo oscuro. Llegan hasta una habitación y al entrar encuentra a otro hombre. Mira hacia el encapuchado y luego le descubre el rostro.
-¿Qué te ha parecido mi actuación?-le pregunta sonriendo.
-¡De Óscar!-responde Alberto que la rodea por la cintura y luego la besa apasionadamente.
-¡A ver chicos, que estoy yo aquí delante!-les recuerda Julio, que no para de mirar el reloj.
-¿Aún no ha venido Javier?-pregunta Judith.
-No aún no, y empiezo a mosquearme-le responde Alberto.
-El que me da pena es el pobre de José-comenta Judith en tono de burla-sin comerlo ni beberlo está comiéndose todo el marrón él solito.
-Debes hacerte con las llaves del apartamento de María de la Riva sin que ella se dé cuenta-ordena Alberto.
-Echad en su comida algún somnífero y así me podré hacer con la llave sin problemas-propone Judith.
-¿Y si nos equivocamos y te lo tomas tú?
-A ver merluzos, traed una pizza y en mi porción ponéis más queso.
-¿Y si no le gustan las pizzas?-insiste Julio.
-Pues la echáis en la ensalada y punto-repone Judith algo molesta.
-Por cierto, habrá que pedir un rescate a la familia para que crean que el móvil de secuestro es ese-recuerda Alberto.
 Vuelve a la habitación poniendo cara de asustada. María la abraza y trata de consolarla. Judith le comenta que la han amenazado con dejarlas allí encerradas y que piensan pedir un rescate por ella.
 María se queda pensativa, si ese era el móvil del secuestro por qué escribir aquellas cartas. ¿Sería alguno de los secuestradores o era otro individuo el que las había escrito? Se siente confusa, pero no dice nada. Judith la observa como quien observa a una muestra en un microscopio.

Continuará...


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Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a