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Me está mirando X

El inspector Smith decidió tirar de hemeroteca a fin de averiguar algo más sobre el incendio del hospital psiquiátrico. Después de casi dos horas mirando la pantalla del ordenador solo logró un  fuerte dolor de cabeza. Nada, apenas unas pocas notas, pero nada interesante. Decepcionado salió de la biblioteca pública y se encaminó a la farmacia de la esquina en busca de un remedio para el fuerte dolor de cabeza. Al salir de la farmacia, el móvil empezó a vibrar anunciando un mensaje: era Anderson citándole en la cafetería de Harry, su cuñado.
Miró el reloj, aún faltaban diez minutos, se tomó una pastilla para el dolor de cabeza y un poco de café mientras leía las noticias deportivas del día. Volvió a mirar el reloj con impaciencia, los minutos parecían pasar muy despacio ¿Qué sería aquello qué había descubierto Anderson? Pidió otro café y un croissant. A los pocos minutos apareció Anderson,
-Hola jefe-saludó. Tras pedir otro café le entregó una carpeta.
-¿Qué es?-preguntó el inspect…

Obsesión VII

   Las ocho de la mañana. Suena el despertador, José apenas ha dormido dándole vueltas a todo lo ocurrido y al extraño comportamiento de Javier. Qué es lo que iba a hacer en el apartamento de Judith y por qué se fue así de repente sin más.
   Enciende la cafetera y Luna aparece exigiendo su desayuno. Mientras prepara unas tostadas algo le viene a la cabeza, pero lo deshecha. No puede ser...
    Se asoma a la ventana mientras apura el café, ahí sigue el coche de la noche anterior. Está seguro de que se trata de la vigilancia que le habían advertido.

    Javier espera nervioso nuevas instrucciones. Mira impaciente el móvil. Un sms le llega al momento..."vigila el apartamento de María de la Riva. Si ves algo sospechoso avisa. Pronto pasaremos a la siguiente fase".

    Julio decide llamar a María de la Riva. Le hace saber que han pedido un rescate. A continuación, le pide que escriba una nota rogando a su familia que paguen la suma que piden los secuestradores. María escribe la carta y les da la dirección de su familia. No le queda otra opción que hacer lo que le piden, piensa mientras la llevan de nuevo a la habitación en la que se encuentra recluida con Judith. 
    En estos momentos desearía que todo lo que la está sucediendo solo fuera un sueño, un maldito sueño. Pero no, no lo es. Además está esa chica-Judith-de la que no se fía nada. 

-¿Qué ha pasado?-pregunta Judith-¿No te habrán hecho algo verdad?
-Me han dicho que van a pedir un rescate de un millón de euros, y me han obligado a escribir una nota a mis padres rogándoles que paguen.
-¿Y tú crees que tus padres pagarán?
-Ni mis padres, ni yo misma tenemos esa cantidad.
-Pero con todos los premios y las películas...
-No, Judith no todo es como algunos lo pintan. En estos años he ganado mucho dinero, pero no llega a esa cantidad.
-Entonces...
-Entonces, puede pasar cualquier cosa-responde María desanimada-aunque supongo que mis padres removerán cielo y tierra para conseguirla, dudo mucho que lo reúnan en dos días tal y como exigen estos malnacidos.
-Entiendo.
María no dice nada más, se queda sumida en sus pensamientos. No tiene más ganas de hablar.
 Judith parece preocupada y se hace mil preguntas, y si todo se les fuera de las manos. ¿Podría ella controlar a Julio y a los demás si todo saliera mal? En el fondo se arrepiente de todo.

Continuará...


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Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a