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¡Me está mirando! (III)

Estaba pensando en la conversación que había mantenido minutos antes con el oficial Smith, de repente le vino algo a la cabeza, cuando el oficial estaba hojeando las láminas solo había nueve y no diez. Desató la carpeta de cuero negro y empezó a pasar una tras otra, faltaba la décima. 
-¡Mierda, otra vez no!-exclamó llevándose las manos a la cabeza. Salió corriendo de su despacho por el pasillo del hospital, llamó a la enfermera Johnson que salió tras ella. Se pararon en la habitación 222, allí estaba abrazada a la lámina con la habitación patas arriba.
-¡Chica mala!- Le regañó.-¿No te he dicho mil veces que no debes tocar los papeles de mi oficina?
-Tenía que darle las buenas noches al abuelo-le dijo la mujer aferrándose a la lámina.
-Mamá, solo es un papel con manchas de colores, no es una fotografía del abuelo.-Le dijo la doctora acariciando el pelo de su madre.-Tienes fotos del abuelo en el álbum para verlas. Volvió a acariciar el pelo rubio casi dorado de su madre, la miró a lo ojos y la besó en la frente.-Ahora vas a ser una niña buena y me vas a ayudar a recoger todo este desastre, pero antes Jenny te va a contar una cosa.
-No, no quiero más pinchazos, no me gustan-protestó poniendo cara de niña asustada al ver la jeringuilla.
-Tranquila, Sra. Svenson, no va a sentir nada. Cogió suavemente su mano e hizo que se sentara en el sofá, empezó a hablar con ella para distraerla y cuando quiso darse cuenta ya le había puesto la inyección para calmarla, aunque tampoco es que hiciera falta. La Sra Svenson era como una niña grande, tan solo había que ganarse su confianza y la enfermera Johnson sabía cómo hacerlo.
Los ojos triste y azules de la Sra Svenson empezaron a parpadear de sueño. Tras unos segundos se quedó dormida como un bebé. La doctora y la enfermera recogieron todo el desorden. Algo llamó la atención de la doctora, una manchita de sangre sobre la lámina. Era diminuta, pero ella conocía bien esas láminas y podía detectar cualquier cambio ya fuera una mancha, mota de polvo, lo que fuera; la cuestión era si podía dectectarla a simple vista otra persona. Ni corta ni perezosa le dio la lámina a la enfermera para comprobarlo.
-Jenny, ¿puedes hacerme un favor?
-Dígame doctora, ¿en qué puedo ayudarla?´
-Lleva esta lámina del test de Roscharch que mi madre ha tomado de mi despacho y déjala allí sobre mi mesa, yo voy a terminar de adecentar un poco la habitación y vigilar unos segundos a mi madre para ver si está dormida de verdad o se lo está haciendo.
-De acuerdo.
La enfermera tomó la lámina y se marchó de la habitación. La doctora dio un suspiro de alivio al comprobar que la enfermera no había puesto atención sobre la lámina. Mientras tanto, la doctora se afanó en buscar rastros de gotas de sangre. <<Puede que la manchita fuese de algún corte causado por el mismo papel, quizás la sangre fuese de su madre, de ella misma o a lo peor del fallecido, quizás se cortara cuando se puso histérico>>. No paraba de pensar, de darle vueltas hasta que la enfermera Johnson asomó de nuevo la cabeza por la puerta.
-Ya está, la he puesto con las otras láminas que tiene sobre su mesa.
La doctora dio un respingo sobresaltada. Y las dos empezaron a reírse.
-Estaba tan concentrada que me has asustado.
-Lo he notado-dijo la enfermera riéndose a carcajadas.
Comprobó que todo estaba en orden y se marcharon de la habitación. 

Y para saber más de la historia habrá que esperar hasta el martes que viene. 
© Todos los derechos registrados. Código de registro: 1708033228390

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