Ir al contenido principal

Me está mirando X

El inspector Smith decidió tirar de hemeroteca a fin de averiguar algo más sobre el incendio del hospital psiquiátrico. Después de casi dos horas mirando la pantalla del ordenador solo logró un  fuerte dolor de cabeza. Nada, apenas unas pocas notas, pero nada interesante. Decepcionado salió de la biblioteca pública y se encaminó a la farmacia de la esquina en busca de un remedio para el fuerte dolor de cabeza. Al salir de la farmacia, el móvil empezó a vibrar anunciando un mensaje: era Anderson citándole en la cafetería de Harry, su cuñado.
Miró el reloj, aún faltaban diez minutos, se tomó una pastilla para el dolor de cabeza y un poco de café mientras leía las noticias deportivas del día. Volvió a mirar el reloj con impaciencia, los minutos parecían pasar muy despacio ¿Qué sería aquello qué había descubierto Anderson? Pidió otro café y un croissant. A los pocos minutos apareció Anderson,
-Hola jefe-saludó. Tras pedir otro café le entregó una carpeta.
-¿Qué es?-preguntó el inspect…

Me está mirando X

   El inspector Smith decidió tirar de hemeroteca a fin de averiguar algo más sobre el incendio del hospital psiquiátrico. Después de casi dos horas mirando la pantalla del ordenador solo logró un  fuerte dolor de cabeza. Nada, apenas unas pocas notas, pero nada interesante. Decepcionado salió de la biblioteca pública y se encaminó a la farmacia de la esquina en busca de un remedio para el fuerte dolor de cabeza. Al salir de la farmacia, el móvil empezó a vibrar anunciando un mensaje: era Anderson citándole en la cafetería de Harry, su cuñado.
Miró el reloj, aún faltaban diez minutos, se tomó una pastilla para el dolor de cabeza y un poco de café mientras leía las noticias deportivas del día. Volvió a mirar el reloj con impaciencia, los minutos parecían pasar muy despacio ¿Qué sería aquello qué había descubierto Anderson? Pidió otro café y un croissant. A los pocos minutos apareció Anderson,
-Hola jefe-saludó. Tras pedir otro café le entregó una carpeta.
-¿Qué es?-preguntó el inspector Smith.
-Son unos documentos de algunos enfermos que estaban ingresados en la fecha del incendio y que a día de hoy siguen en el hospital.
-Bien hecho- respondió ojeando la fichas de los pacientes. Reparó en una en la que Anderson había colocado un marcador. Miró a Anderson en busca de una respuesta.
-Ah, he marcado esa ficha porque ese enfermo estaba muy alterado el día en que asesinaron a Charles Martin, al parecer se había escapado de su habitación y estuvieron buscándole varias horas, no he podido averiguar nada más. Bueno sí, lo había olvidado, estas fichas pertenecen a enfermos con patologías de conductas peligrosas y están en un pabellón aparte.
-Muy bien, intentaré averiguar quién es este Stevenson.
-Hemos averiguado que el cuerpo del famoso payaso Magnus no fue encontrado después del incendio, lo cual me hace pensar que quizás sigue vivo.
-¿Quién lo dio por muerto? es algo que hay que averiguar.
-Por cierto ¿qué tal sigue nuestro amigo García?
-Fue él quién averiguó todo, pero está algo inquieto; en cierto modo le entiendo, tanto relajante y ansiolítico le tienen atontado todo el día, intenta zafarse de las enfermeras pero hay días que no. A MacFarlane nadie la engaña.
Ambos miraron sus relojes, apuraron el café y cada uno salió por su lado.
De camino a la oficina Smith no paraba de darle vueltas a la cabeza ¿Seguiría vivo Magnus? ¿Y si la muerte del tal Martin tenía alguna relación con el incendio? Decidió que en cuanto llegara a la oficina revisaría todo el caso de Charles Martin de nuevo.

Continuará
Imagen de Quinn Kampschroer en Pixabay

Comentarios

  1. Pobre García! Espero que lo puedan sacar antes de que acabe mal de verdad!! 🙃

    A esperar la siguiente entrega, besoss
    Durrell

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pobrecillo siempre ahí sufriendo, vete a saber lo que le espera...no puedo adelantar más, pero ya sabes que a mí me encantan las sorpresas ;)

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a