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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

¿Recuerdo o acto de hipocresía?

     El día de Todos los Santos, es una fiesta de tradición católica instituida en honor de Todos los Santos, conocidos y desconocidos. En los países de tradición católica, se celebra el 1 de noviembre; mientras que en la Iglesia Ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés; aunque también la celebran las Iglesias Anglicana y Luterana. En ella se venera a todos los santos que no tienen una fiesta propia en el calendario litúrgico. Por tradición es un día festivo, no laborable. Por contra el día de los Fieles Difuntos, popularmente llamada Día de Muertos o Día de Difuntos, es una celebración cristiana que tiene lugar el día 2 de noviembre, cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.
       Es el día de Todos los Santos cuando en España, existe la tradición de llevar flores al cementerio para honrar a sus seres queridos que ya no están. Pero yo siempre me hago la misma reflexión cada año, para qué las flores si posiblemente en vida ni siquiera le regalaron nunca un ramo de flores al difunto. A veces me da por pensar que se trata más de un acto de hipocresía social que de honrar al difunto, pues la gran mayoría de la gente que me he encontrado esos días los he visto recorrerse el cementerio para cotillear y chismorrear sobre los centros florales de la tumba del vecino, sobre si alguno no ha podido subir y oyes comentarios del tipo....   fíjate fulanito mira que poco se acuerda ya que ni siquiera ha subido a ponerle ni una triste flor en su tumba. Por esa razón, yo suelo subir el día 2 de noviembre, que es cuando apenas hay nadie y porque es el día de los difuntos, el día que ya no se acuerda nadie de ellos, el día en el que el cementerio se suele quedar en el más absoluto silencio. Y en cuanto a todo lo demás pienso que es en vida cuando tienes que demostrar tu afecto y tu cariño a los que te rodean, de nada te sirve después llevar las flores más hermosas, pues aunque de cara a los que no te conozcan quedes fabulosamente, los que conocen la vida y milagros de su existencia, a esos no se las das con queso.
    Desde aquí, digo que cuando me muera es mi deseo que me incineren y, mis cenizas las depositen en el mar mediterráneo, dónde siempre hallé algo de paz oyendo el ruido de las olas batiendo contra la arena y las rocas de la playa Se ahorraran el gasto de la lápida, caja, alquiler del nicho o tumba, flores inútiles cada año para quedar dabuten ante el resto del personal, tener que limpiar para que quede impoluto con lo que supone además gastar en gasolina para subir a dónde ya no estoy, puesto que solo quedan mis restos y éstos como que no se van a enterar de nada; resumiendo un gasto considerable y un esfuerzo inútil. Los que de verdad me aprecien que me lo demuestren en vida, pues yo corresponderé agradecidamente el gesto, y las flores mejor ahora que seguro que las disfrutaré con mucha alegría. Lo demás es pura hipocresía.

Comentarios

  1. Me encanta el día de Todos los Santos, desde que era niña. En Murcia significa la entrada oficial del otoño y cuando era niña eso se traducía en estrenar ropa. Porque ese día estrenabas siempre algo nuevo. Recuerdo que era una ocasión especial porque me encontraba con mis primos y jugábamos por todo el cementerio. En especial en el de Espinardo había una rampa de salida en un pequeño callejón si la bajabas corriendo retumbaba todo y no nos cansabamos de hacerlo. O jugar a ver quien encontraba la tumba más antigua o más extraña. Creo que todo eso ha hecho que cale en mí la festividad. Cuando llegan estas fechas me gusta quedarme aquí e ir a visitar el cementerio. Llevar a mis hijos a que sepan que todos esos familiares que les mencionamos realmente existieron a que comprendan que la muerte es algo natural y que no deben temer y que en cierta manera las personas permanecen vivas mientras viven en nuestro recuerdo.
    Creo que al igual que solemos regalar en cumpleaños, en el día de la madre, etc. Este día es para eso para hacer un kit-kat en nuestra ajetreada vida y dedicarla a aquellos que formaron parte de nuestra vida. Y eso no quiere decir que no les recordemos durante el resto del año sino que ese día es especial para ellos, porque no hay peor muerte que el olvido.

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  2. Cierto, pero en mi reflexión me refiero al hecho de que tenga que ser un determinado día del año y la hipocresía de colmar de atenciones y demasiado boato al lugar donde reposan los restos mortales de una persona, ya sea familiar, amigo o conocido cuando en vida no se han acordado de hacerle al difunto/a ni un buen regalo.

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