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El proceso a un ángel. El juicio.

     Acaba de entrar a la Sala de Juicios el Alto Tribunal Celestial, que presidirá el Árcangel San Miguel. Esta vez no formará parte del Tribunal San Gabriel, por ser mi inmediato superior. Su puesto lo ocupará Uriel. Raguel me acaba de hacer una señal para que pase a la Sala, yo estoy resignado a aceptar mi destino.
     Gabriel me ha aconsejado que admita mi culpa y sea sincero con el tribunal, y cuente todo tal y como sucedió.

   ¡Yamabel, póngase en pie!
   ¡Aquí ante este ilustre y altísimo tribunal me presento para responder de mis actos!
   Yamabel, tranquilo de momento le toca exponer los hechos de tu falta al Árcangel Raguel supervisor de las normas de todas las entidades celestes.
   Raguel acaba de sacar un dossier que contiene mi historial, antes de empezar me ha deseado la mejor de las suertes, en el fondo me aprecia; no obstante, él en su día me ofreció ser su Secretario, pero Gabriel ya me había puesto entre sus filas.
   ¡ Señorías estamos aquí para juzgar el incumplimiento de sus funciones como ángel protector de Yamabel! A continuación haré una exposición de los hechos que se le imputan.
   Yamabel, ángel custodio, hasta ahora de conducta intachable, fue llamado para sustituir a  Kamabael, en la custodia de una joven.
       En un primer momento, Yamabel cumplió fielmente su misión, pero debido a las especiales circunstancias de su protegida, erróneamente decidió que lo mejor era materializarse, incumpliendo así una de nuestras reglas. Pero no contento con ello, se fue implicando más de lo debido en la vida de su protegida, llegando a enamorarse y lo que es más grave aún tomando contacto físico con ella.
      Llevado por el arrepentimiento de su conducta, dejó de materializarse y la joven retomó su vida al lado de un joven, lo que llevó a Yamabel a un estado de tristeza y abandono, incumpliendo todas sus funciones de protección y seguridad como tal ángel custodio que es.
      Por todo lo expuesto: yo, Raguel, como Fiscal Celestial en este caso, solicito de este tribunal que Yamabel sea castigado por incumplimiento de sus funciones protectoras.
     ¡Tiene la palabra el ángel Yamabel!
      ¡Señorías, con la venia, paso a relatar mis alegaciones!
     Yo,Yamabel, ángel custodio de los hombres, siempre cumplí fielmente con mi misión de protección. Jamás quebranté regla alguna, ni tampoco vulneré ningún precepto celestial.... no hasta que me encomendaron relevar a Kamabael, en la custodia de una joven. Hasta ese momento siempre me había distinguido por el éxito en mis innumerables misiones de protección e incluso obtuve el reconocimiento de todos mis superiores. Pero todo eso de alguna manera cambió cuando la conocí a ella. Pero Señorías, la causa por la que incumplí mis obligaciones no se entienden bien si al mismo tiempo no se conocen las circunstancias de mi protegida y mi relación con la misma.
   Mi protegida había sido criada desde muy niña por su abuela, pues perdió a su padre,y su madre tuvo que seguir trabajando para poder pagar la casa y los estudios de su hija. Más adelante, debido a un accidente de trabajo, su madre solo pudo trabajar a tiempo parcial, por lo que a sus diecisiete años mi protegida empezó a trabajar por las tardes en una confitería. Eso sí, sin dejar sus estudios. Pero cuando cumplió los veintinco, ya en la Universidad, su abuela empezó a mostrar síntomas de padecer Alzheimer, y se ocupó del cuidado de su abuela. Yo me afligí de tanto padecimiento, y decidí materializarme para ayudarla en tan penoso momento, pero sin intención alguna por mi parte de seducir a mi protegida. Pero cada día que pasaba junto a ella, me iba dando cuenta de que algo estaba sucediendo. 
   Señorías, cuando ayudamos a nuestros protegidos lo hacemos no solo porque sea nuestro deber, también nos encariñamos con ellos, nos duele cuando las cosas no les salen bien, cuando no nos escuchan cuando les susurramos en su conciencia que no lleven a cabo una determinada conducta. Y nos alegramos cuando nos escuchan, cuando hacen aquello que es correcto, cuando se enamoran. Y yo me pregunto Señorías ¿No es eso un acto de amor? Porque entiendo que el amor no es lo que los humanos entienden por un puro acto físico, no no es eso es algo más, es compartir, es ayudarse mutuamente, es comprenderse y respetarse, es sentir con el otro sus penas y alegrías. Eso es lo que yo sentía en mi interior, y fue creciendo como una planta a la que se cuida con mimo. Y ese sentimiento se hizo grande, tanto que yo no era capaz de controlar...o quizás no deseaba controlar.


  Pero, Yamabel, no era misión tuya enamorar a tu protegida, sino cuidarla y protegerla, sin intervenir en su destino, sabes que no nos está permitido tener una relación tan....humana. 


  Lo reconozco, señorías, pero esa no era mi intención. Mi intención era ayudarla en el difícil trance de la enfermedad de su abuela. Era desolador ver como sufría al comprobar la manera tan terrible en que la enfermedad iba deteriorando la salud de aquélla que tanto la había querido y protegido, y que ahora no acertaba a reconocer ni tan siquiera su nombre. Para ella su nieta era una desconocida que iba a visitarla cada día. Es muy duro, señorías, luchar contra una enfermedad así. Yo intentaba aportar una ayuda en lo que buenamente podía, por eso me materialicé en la persona de un voluntario para ayudarla y al mismo tiempo ayudar a animar a otros ancianos y no tan ancianos en la difícil lucha contra esa maldita enfermedad.
  Todo eso que cuentas es muy loable por tu parte, pero jamás debiste quebrantar la regla de establecer una relación amorosa con tu protegida.
  Lo sé, Señorías, pero es algo que surgió de manera inesperada, yo no pude controlar sus impulsos, y al mismo tiempo me dejé llevar por mis sentimientos, pues a decir verdad yo la quería de verdad, y nunca pensé que obraba mal. Fue cuando comenté lo sucedido con Zerachiel, cuando reflexioné sobre mi falta y me recomendó que hablara con Raguel, quien ya había tomado nota de todo lo sucedido.
   Me propusieron estar un tiempo sin bajar, ayudando a Kamabael, pero al volver me encontré que ella había encontrado el amor en otro joven, y eso me dolió profundamente. Desolado, y dolorido me mantuve al margen no quise hacer nada en contra de ella, a pesar de que sentimientos de celos me comían las entrañas, no lo niego. Entonces comprendí que seguía estando enamorado de mi protegida, que me dolía más de lo que imaginaba esa situación, pero lo peor era tener que contemplar su felicidad con otra persona que no fuese yo. Eso me destrozó por completo, lo admito, y resignado a perderla para siempre decidí no actuar para nada. 
    Había oído que un ángel llamado Mijabael, le ocurrió algo parecido, y que de la tristeza y el dolor se le fueron deshaciendo las alas, y al final desapareció poco a poco, dicen que así es la muerte de una ángel cuando su sufrimiento es infinito. Así empecé a sentirme yo, y si os fijáis bien, podréis comprobar que mis alas ya no son lo suficientemente ágiles, ni vistosas, y no sé como terminaré, pero no puedo dejar de pensar en ella. Creo, señorías, que ya estoy sufriendo el peor de los castigos, encontrar el amor verdadero, para luego perderlo.
Bien, Yamabel, puedes retirarte a la sala contigua mientras este tribunal delibera.


  Sala del Tribunal:
  ¡Rafael tú que decides!
  Me parece muy triste lo que ha contado, y si bien ha incumplido las reglas, la trayectoria de Yamabel es intachable. También son especialmente difíciles las circunstancias en las que todo ha sucedido. Yo soy partidario de darle la opción de quedarse aquí, encargándose de la Secretaría de los juicios bajo la supervisión de Raguel, o bien dejarle que viva su oportunidad como mortal, y si su amor es más fuerte, que sea feliz o desdichado no lo sabremos, pero al menos lo habrá intentado.
¡Silencio en la Sala!
 ¿Y tú, Uriel?
  Yo, Uriel, estoy de acuerdo con lo expuesto por Rafael.
  ¡Bien, pues yo Miguel, al igual que vosotros decido que Yamabel, pueda decidir su castigo entre dos opciones!
    ¡Llamar a nuestra presencia al acusado!


   ¡Yamabel, quédese en pie para oír el veredicto de este tribunal!
  Este Tribunal, por la autoridad que Nuestro Señor nos otorga, ha decidido por unanimidad y en base a las especiales circunstancias de los hechos acaecidos que se te de la oportunidad de elegir tu propio castigo entre dos opciones:
  La primera opción es el confinamiento en la Sede del Tribunal Celestial, trabajando para la eternidad bajo las órdenes de Raguel, de manera que no volverá a tener contacto, ni conocimiento de lo que sucede con ningún humano en la Tierra.
    La segunda opción, es el destierro y pérdida de la consideración de ente celeste. De manera que, habrá de vivir como un simple mortal y no recordará nada de lo sucedido en su vida como ángel custodio.
      La decisión por la que opte, habrá de sernos comunicada dentro del plazo de tres días. Mientras tanto, deberá cumplir  la pena accesoria de aislamiento, para evitar que otros ángeles puedan cometer la misma falta.





  

Comentarios

  1. jajaja si. Hoy no me daba tiempo. Lo tenía casi terminado ayer, pero hoy apenas hice nada pues tengo a mi padre con gripe y lo tuve que llevar al médico, así que ya lo terminaré otro día.

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