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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

El ángel de Noa.

Noa
Noa en su nuevo hogar
     Días previos a las vacaciones de Navidad. En una calle de la capital cordobesa se encuentra Noa, una podenquita hermosa que no entiende porqué la han abandonado. Tiene frío, hambre y sed. Se acerca a cuantos humanos pasan a su alrededor. Alguna caricia que otra, cual migajas de pan le otorga algún que otro viandante. Pero todos se marchan. A Noa le gustaría tener un hogar, en el que recibir comida, cariño y en dónde pueda ser uno más de la familia.
   Se acercan unas fechas en las que los humanos se suelen reunir en familia, de reencuentros con los seres queridos y en las que departir alrededor de mesa sobre cuestiones de la vida y del trabajo y compartir alegrías o esperanzas e ilusiones. A Noa también le gustaría estar presente y tener un rinconcito al calor de una familia que la quiera.
   Su ángel acaba de divisarla, viene de trabajar, y le sorprende ver una perrita tan linda y que esté sola. Se fija que tiene collar y piensa erróneamente que su propietario no anda muy lejos. La acaricia y sube rápidamente a su casa a calentar la comida que preparó para su familia la noche anterior. Está cansada. Después de comer se sienta unos minutos frente al televisor, después se pone a leer un ratito, pero se acaba de acordar que Lucy una coneja traviesa y pizpireta come demasiado y para evitar el desastre del otro día en que la traviesa Lucy mordió el cable del teléfono como si de un regaliz se tratara, ha cogido y le ha dado de comer. 
  Se acaba de asomar a la terraza, pues hace un poco de solecito y apetece estar asomada, pero para su sorpresa ve a Noa que anda de un lado para otro. Llama a su marido y a su hija y les comenta lo de la podenca. Entonces deciden que si no ven que no tiene dueño la cogerán, el problema será si se deja coger. Baja su hija a la calle, pero en ese momento Noa no está por allí.
    Noa vuelve a pasar otra noche en la calle. Debe preguntarse qué hizo para ser castigada de esa manera, para ser abandonada. ¿Acaso se portó mal?, pero si no la quería ¿porqué cuando su anterior dueño se la ofreció la aceptó como regalo? ¿porqué simplemente no dijo que no podía hacerse cargo de ella?  Noa se hace esas preguntas mientras busca un lugar en el que pueda pasar esa larga y fría noche.
     Al mediodía, vuelve a ver a la mujer que el día anterior fue tan cariñosa con ella, se vuelve a acercar. Esa mujer parece que me quiere, ojalá me acepte y me lleve con ella y su familia. Noa no puede creer que es lo que le está sucediendo, esa mujer la está llamando para que la siga ¿me llevará a su casa? Sí esa mujer la sube a su casa, y la da de comer. Noa se siente en estos momentos la perrita más feliz del mundo. Su ángel la asea y le dice a su marido y a su hija que hay que llevarla al veterinario y ni cortos ni perezosos cogen a Noa -a la que ellos en ese momento la llaman Queen- y la llevan al veterinario.
   Ya están en el veterinario y Noa no está nada nerviosa, bueno sí pero es de la felicidad que no le cabe en el cuerpo. Llevaba sola y abandonada unos días, y ya empezaba a pensar que terminaría en una fría y lúgubre perrera; sin embargo, la suerte se alió en unos segundos y apareció su ángel que la rescató de la soledad y del abandono. Ahora es su turno y entra Noa con sus nuevos dueños, allí se enteran de quien es el anterior dueño de la perrita y le localizan. Al parecer, según el dueño, éste se la regaló a un "amigo" pero éste individuo no la tuvo en su casa ni tan siquiera un día, y lejos de hablar con él, ese miserable lo que hizo fue echar a Noa a la calle, como si de un trasto viejo se tratara. Ahora Noa ya tiene su cartilla y su microchip y lo más importante de todo: una familia que la quiere, la adora y que le ha hecho un rinconcito en su hogar, ahora el hogar de Noa.
    Muchos vecinos del barrio dónde estuvo deambulando Noa sin que nadie la hiciera caso, al enterarse de que la perrita estaba sana y con sus papeles en regla preguntaron por ella, pero Noa ya tiene su familia que la quiere.
    Hoy es día de Reyes y a buen seguro que su nueva familia le tiene un buen regalo, también para la traviesa y pizpireta Lucy con la que se lleva bien. Ahora es inmensamente feliz, al lado de su familia, al lado de su ángel.

  Dedicado al ángel de Noa....mi cuñada Araceli.
  

Comentarios

  1. Bonita historia para una noche de Reyes!

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  2. Es muy mona y tiene una carita muy dulce. De verdad que los reyes magos se adelantaron para Noa cuando Araceli se cruzó con ella.

    Lo has descrito magnificamente.

    Montones de besos.

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  3. Si la verdad es que es preciosa y según me cuentan mi hermano y mi cuñada es muy buena y cariñosa. Están todos encantados con ella.

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