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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

La voz

   Siempre había soñado con protagonizar una gran obra musical como protagonista, pero su físico era un gran impedimento, no así su voz. Iba de casting, en casting, siempre era admirado por su voz, una voz increíble, todos le admiraban; más siempre chocaba con el muro del físico, lo que ya empezaba a sacarle de sus casillas y hacer estragos en su ánimo. Siempre acababa haciendo de relleno, y a ser posible lo menos visible al espectador. 
   Empezó a pensar que era un bicho raro o algo por el estilo pues no era normal tanto rechazo, pero ¿por qué? si el se veía como uno más del montón, ¡vale no soy lo que se dice guapo! pero tampoco creo que sea para mostrarme tanto desprecio y menos tanto rechazo, o ¿acaso no se han mirado ellos al espejo? Estaba desesperado, pero ¿qué podía hacer ante una sociedad basada en lo puramente físico?  ¿Acaso el talento no tiene lugar en la sociedad? Ya no sabía que hacer, estaba realmente asqueado de tanto rechazo y la típica palmadita de no te lo tomes a mal, posees una voz prodigiosa, seguro que la próxima tendrás suerte, no se puede desperdiciar una voz así.... excusas tontas e hipocresía barata ¿ Y de qué le había servido hasta ahora? para nada, solo salir de  relleno o para anuncios en los que no se le iba a ver, siempre el mismo pretexto que si tenía algo se sobrepeso, que si era pelirrojo, que si esto o lo otro. Estaba harto, intentó ir a gimnasios, adelgazó. Pero siempre había un pero, que si ahora era su nariz, que si eres demasiado alto, todo pretextos.
 Una amiga le dijo de que siguiera adelgazando y se planteara la posibilidad de cirujía para mejorar su imagen, pero él se negó tajantemente, ...¡mira querida, los cuentos esos que nos cuentan cuando somos  pequeños,  en los que el tipo feo se convierte en un lindo príncipe, no son más que eso cuentos! ¡Así que ve creciendo! La cirujía a mí no me aportaría nada, solo gastarme un dinero que no tengo y que me hace falta.  
  Al cabo de unos días vio un anuncio que buscaban voces para una obra musical, no podía creerlo, era para el fantasma de la ópera, quizá esa era su oportunidad, pues el personaje no tenía que mostrar su físico. Anotó la dirección del lugar dónde se hacían los castings, y llamó a su amiga, para que le acompañara. A la media hora ya estaban en la puerta del teatro haciendo cola para pasar la prueba. Estaba algo más confiado, pero no estaba muy seguro, pues había sido rechazado en tantas ocasiones que no sabía que pensar, estaba desanimado a pesar de que su amiga estaba intentando que se alegrara. Cuando le llamaron, se le hizo un nudo en el estómago y apenas podía reaccionar, su amiga le dio un empujón y éste echó a andar, se colocó frente a los focos, y una voz le pidió que cantáse, y el tragó saliva, tenía la boca seca, sintió miedo...estaba a punto de tirar la toalla, pero la voz le dijo que si necesitaba tomar algo de agua que lo hiciera. El agradeció el gesto y bebió un poco, no sabía porqué pero el director del casting parecía una persona diferente de los que había conocido hasta entonces. Eso le dio algo de confianza y empezó a cantar para deleite de los que le escuchaban, quedaron maravillados ante una voz como la suya, no habían oído nunca a alguien cantar así, era increíble, pero...¿cómo era posible que alguien no se hubiese fijado en el talento de aquél joven? ¿acaso estaban sordos?
   Al terminar oyó la voz del director decirle que el papel ya era suyo. No podía creerlo, se quedó casi paralizado de la emoción, notó que la voz que le hablaba se le iba acercando, cuando lo tuvo ante sus ojos pudo observar que el hombre que tenía ante él, no era un hombre bien parecido, si no más bien lo contrario, pero poseía una calidad humana increíble. Era un cantante de ópera de éxito que le dijo que le escogía por su talento, no por su físico. 
  En esta obra se te verá el rostro en la primera parte, así que ya ves que no escogemos a las personas por el aspecto.
   ¡Por fin una obra como protagonista! Se sintió feliz, feliz por una vez en su vida......había soñado tanto con ese momento que ahora le parecía estar en un increíble sueño, del que no quería despertar.

Comentarios

  1. Siempre igual, anteponiendo lo superfluo, lo que menos vale, porque es algo totalmente pasajero, a lo verdaderamente importante, nuestro verdadero yo, el que emana de dentro.

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    1. Por desgracia la vida es así, siempre se valora más el envoltorio que la verdadera esencia, y así pasa lo que pasa.....

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   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


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