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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

El bar " El verso"

 Esto es un pueblo de Sevilla el 15 de agosto, todo cerrado menos un bar, el bar " El verso". En la calle un calor horrible, cuarenta grados a la sombra, al sol se puede freír un filete en una sarten. 
  En esto que un turista algo despistado va buscando un sitio dónde tomar un refrigerio. Al final de mucho dar vueltas, se encuentra con el único establecimiento abierto, el bar "El verso". El hombre que entra aliviado y se dirige al camarero.
- Póngame una limonada por favor.
 El camarero le mira y mueve la cabeza negativamente y le dice:
- Lo siento caballero, pero aquí tenemos por norma que para pedir la consumición ha de hacerse en verso.
- Vale.
 El turista que se pone a pensar y que en ese momento no le viene la inspiración.
- Oiga se lo pido por favor, póngame una limonada.
- Lo siento señor, pero las normas son las normas.
 A eso que entra en la cafetería una joven y se dirige al camarero:
- Hola, póngame una Coca-Cola para bebérmela yo sola.
- Aquí tienes guapa.
 El camarero mira al turista y le dice:
- ¿Ha visto usted como no es tan difícil?
  El turista se le queda mirando muy serio.
- Pues lo será para usted, porque a mi no se me ocurre ninguna, yo tengo mucha sed y déjese de chorradas amigo deme una limonada.
- Mire le voy a poner un ejemplo.. que le parece esta, deme una copita de aguardiente y que le den por culo al cliente.
- Ah sí, pues deme una copita de Fundador y que le den por culo al que está detrás del mostrador.
  Un mariquita de estos graciosos que los está escuchando se acerca riéndose y les dice:
-¡Pepe pónme una copita de Jerez y que nos den por culo a los tres!

Comentarios

  1. El turista es que era cortito podía haber dicho: ponme la puñetera limonada o te dejo la cara como una empanada...que agobio de tío, que atascao con el versito de las narices!

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    1. Jajajaja es que al pobre se le había derretido la única neurona sana con el calor, y tenía más sed que un guiri en mitad del desierto ( que no sé yo lo que hará el guiri en el desierto, debe ser la fiebre de la faringitis que ya me da por delirar XD)

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  2. Niña, no te quiebres y curate esa fiebre. Y anda, ponme ya, esa limoná.

    Se nota que el de ese bar no le faltaba la clientela por la crisis, jobar qué tio...

    ¿Estás mejor? :)

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    Respuestas
    1. Pues si estoy mejor, pero ando algo débil por lo del hierro, pero ya cuando me toque ir al endocrino ya me dirá él que tengo que hacer. De momento tomaré alimentos ricos en hierro porque si no estoy todo el día queriendo pillar la silla.

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Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a