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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Cita con la eternidad...


Miro la hora, y salgo corriendo. No me gusta llegar tarde a ningún sitio, pero esta mañana parece que el tiempo corre en mi contra. Hace un día de perros, la niebla parece aún más densa y la humedad parece taladrar mis huesos, casi no siento las piernas; es más no las siento, tampoco las manos, noto un frío gélido en todo mi cuerpo. Al final de la calle veo la sombra de un banco, y en el banco parece haber alguien. A medida que voy aproximándome me doy cuenta de que allí está ella esperándome. Está impecable con su traje de chaqueta azul turquesa, lleva el pelo recogido como siempre, tiene el mismo aspecto que la última vez que la vi. Al llegar me da un fuerte abrazo al que correspondo con alegría... ¡hace tanto tiempo que no sentía el calor de sus abrazos!
-¡Llegas tarde, llevo esperándote una eternidad!-me dice regañándome por el retraso.
- ¡Lo siento, me entretuve un poco por el camino!- le digo a modo de excusa.
-¡Venga amiga vamos a tomar algo que aquí hace algo de frío!- propone al verme tiritar de frío.
-Tu mandas, mamá-le respondo sonriendo. 
Caminamos tranquilamente dando un paseo por un lugar que jamás había visto, pero claro eso sucede siempre que vamos juntas, ella siempre me guía por un itinerario distinto y yo siempre cedo. También es cierto, que a mí me gusta eso de descubrir lugares nuevos; como dice el refrán: de tal palo, tal astilla.
¡Vamos a entrar en esta cafetería!- me dice abriendo la puerta de par en par e invitándome a entrar. Yo accedo gustosamente, pues estoy agotada de la caminata. Hacía tanto tiempo que no gozaba de un largo paseo, no desde que ella se marchase, y de eso hace 
 Al entrar el camarero nos saluda amablemente, lo hace como si nos conociera de toda la vida, aunque yo juraría que no le conozco de nada.   
 Nos sentamos en una mesa que hay junto a una ventana desde la que se puede ver la gente pasear, y me fijo que en la mesa de al lado hay dos personas a las que conozco y no veía hace años. Las saludamos y seguimos con nuestra conversación.
- ¿Y qué tal todo?- pregunta ella mirándome con mucha curiosidad.
- Pues que quieres que te diga, las cosas han cambiado muchísimo desde que te fuiste, las personas también- le respondo sin concretar nada, porque no quiero preocuparla demasiado. 
-Sí, ¿pero están todos bien?- vuelve a insistir.
-Pues como todos, ya sabes que la crisis económica está causando muchos problemas de paro y...claro eso también nos ha afectado- le respondo sin volver a concretar. Además supongo que tú ya lo sabes, o quizás me equivoco...
- Si, pero quería saberlo de primera mano, para ver lo que me decías- me dice con una mirada que casi me traspasa. No sé por qué pero empiezo a tener la impresión de que me va a caer una buena reprimenda por todos y por todo. De los nervios casi me quiero morir, pero como ya estoy muerta qué más da, ahora habrá que aguantar la tormenta que se me viene encima.
-Ya, pero es que no quiero amargarte el día- intento excusarme, aunque mucho me temo que no va a servirme de nada.
-¡Si pudiera os leería la cartilla a todos, empezando por ti la primera!- me responde a modo de reprimenda, pero para mi sorpresa lo deja ahí, y eso me tranquiliza. 
 Para cambiar de tema, le pregunto que después del café qué vamos a hacer. 
-Me han dicho que tienen el sitio adecuado para ti- me comenta muy feliz y muy orgullosa. Yo me encojo de hombros y me limito a preguntar con cautela.
-¿Y qué te han dicho, mamá?
-Me han dicho que como te gusta la enseñanza, los libros y contar historias a los niños....vas a tener el honor de instruir a unos niños muy especiales- me dice con tono de misterio.
-¿No me digas que por fin tengo un empleo?- pregunto feliz como si me hubiera tocado la lotería. Pero aún así me surge la duda, así que sigo preguntando algo mosca. No serán muy revoltosos ¿verdad?
-Bueno algo revoltosos sí que son, para que te voy a engañar; aunque se les llame querubines no dejan de ser niños- replica ella quitándole importancia a la cosa.
-¡Vale, acepto! y... ¿sabes dónde hay que ir para firmar? porque yo no dejo pasar una oportunidad así- exclamo yo tan feliz y contenta de haberme conocido.
  Me lleva a una calle dónde hay un colegio muy moderno, con sus pistas de juego y un edificio dónde se imparte música que cuando lo visito casi me desmayo de la emoción.  El director me hace una entrevista, y me extiende un documento para que firme. Yo firmo y a continuación me lleva ante mis alumnos.
Acabo de finalizar mi jornada laboral, y al salir allí está ella esperándome, feliz y orgullosa. A su lado hay unas personas con las que conversa y a las que no he visto nunca, pero sus rostros me resultan familiares. Ella me los presenta uno a uno. 
  Se hace tarde y hay que descansar. Como es mi primer día en esto, se me olvida que estaba muerta, así que ingenua de mí le digo que me voy y que mañana vuelvo.
-Lo siento hija, pero ya no puedes regresar- me recuerda ella tristemente mi condición de muerta, bien muerta. Vamos que estoy más tiesa que la mojama y encima yo rumbosa me quiero dar una vuelta por esos mundos de Dios.
- ¿No puedo darme una vuelta para ver cómo están? es que me pica la curiosidad- se me ocurre contestar como si fuera tan fácil la cosa.
-No, de momento no puedes ir a ningún sitio. Y de todos modos no es buena idea. Ellos ahora están muy tristes porque acaban de perderte. Les llevará algún tiempo superar el dolor y la tristeza pero lo harán...Es cuestión de tiempo....
- Pues no del todo, porque desde que tú te fuiste yo solía ir por la calle como un cuerpo sin alma y sin alegría. Y aunque a momentos me sentía feliz y alegre, sin embargo siempre sentía que me faltaba algo, lo más importante...me faltabas tú- le digo mientras las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos.
-Lo sé cariño, yo también pasé por lo mismo. Y cuando llegué aquí os eché de menos, y cuando supe que venías me fui a buscarte, y allí en aquél banco estuve varios días esperando, esperando hasta que llegaste...-me responde con ternura mientras me toma de la mano para llevarme a descansar.

Comentarios

  1. Una eternidad muy dulce... y con un poco de humor. Así debiera ser ;)

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    1. Ojalá fuera así, yo firmaría ahora mismo ;)

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Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a