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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

El patio de luces

     Está lloviendo, la taza de café desprende sinuosas curvas de humo frente al cristal. Marcos enciende el ordenador e intenta concentrarse y escribir algo, pero apenas escribe unas líneas. Mira desde la ventana que da al patio de luces, su vecino de enfrente, Roberto, está pintando un bodegón. En el piso de arriba, Marta ensaya frente a su piano. Marcos apura su café disfrutando del concierto de piano, es tan relajante que cierra los ojos unos segundos. En el piso de al lado se enciende una luz, acaba de llegar la chica nueva. Marcos se queda fijo mirando la ventana, allí está ella... solo se ha cruzado dos veces con ella y ya no se la puede quitar de la cabeza...
      María acaba de llegar hace una semana, apenas conoce a nadie en todo el edificio. Se fija que el chico del piso de al lado la está mirando. Ella le sonríe y le saluda. El parece corresponder tímidamente, después desaparece...Solo se ha cruzado con él en dos ocasiones, pero le pica la curiosidad, o quizás sea que en el fondo le atraiga. Pone algo música y se pone a ensayar unos pasos de baile. Dos pisos más arriba, unos ojos la miran con mucha atención. Sorprendido espiando a su vecina, Luisito, recibe una reprimenda de su madre. Debería estar estudiando para el examen de Ciencias Naturales que tiene pasado mañana, pero últimamente se distrae con facilidad.
   Marcos vuelve al teclado, revisa el texto y decide borrarlo. Intenta sin éxito escribir algo, pero no se le ocurre nada. Vuelve a asomarse a la ventana, y se queda embelesado mirando a María como baila. Parece como si flotara, su cuerpo parece dibujar líneas invisibles en el aire. María lo descubre por segunda vez y disimuladamente sonríe. Avergonzado por su curiosidad puesta en evidencia, decide huir hacia la calle. Abre la puerta y allí frente a él está ella que le mira directamente a los ojos. Él se sonroja sin saber que decir. Le pide si tiene azúcar, Marcos a modo de excusa le dice que no, que va a bajar a comprar. María aprovecha para acompañarle a comprar al supermercado del barrio. Escaleras arriba los ojos de un adolescente los sigue con un interés desmedido, casi obsesivo; desprevenido, por la retaguardia le cae una soberana colleja.
Al llegar al portal, comprueban que sigue lloviendo, María no lleva paraguas y Marcos le ofrece el suyo. La lluvia se alía con la pareja y se pegan cada vez más el uno al otro. Al llegar a la esquina de la calle, Marcos invita a María a un café. Ella acepta.
    Al volver de la calle los dos se despiden, ha sido una tarde agradable...Los dos se ríen, ninguno de los dos se había acordado del azúcar. Marcos reconoce que era una excusa para salir a despejarse un rato, y María que era un pretexto para conocerle...Los dos se ríen abiertamente y sin pensarlo dos veces, antes de despedirse, Marcos la besa. En el piso de arriba, los ojos de una joven contemplan la escena. Es Marta, que se entristece...ella está enamorada en secreto de Marcos, pero nunca se ha atrevido a confesárselo...

Comentarios

  1. ¿Ves, lo que me pierdo por tener cortinas y encima tenerlas siempre echadas? Hala, fuera las cortinas...De todas formas yo solo veo a los del edificio de enfrente y están muy lejos. Ahora, te digo, que tengo un vecino enfrente que sale a tender en ropa interior...si, si, si, lo que te digo...y además está muy bien...que le tengo echado el ojo...lo malo es que ahora con el frío como que no se anima, mecachis!...tampoco hace tanto frío, que delicados son algunos, hija...bueno, me meto para dentro que ya he tendido, luego si te asomas al patio echamos otro ratico, que te tengo que contar una cosa de la Juani del tercero que vas a flipar...Borjamariiiiiii como entre para dentro te vas a enterarrrr!!!!! Lo dicho guapa, hasta luego, me voy para dentro a echarle un ojo a los crios estos que me tienen quemá la sangre, si es que no dejan que una haga na de ná...Borjamariiiii, que voy!!!!!

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    1. Yo solo veo a los del edificio de al lado...aquí el del segundo se dedica a echarle la mierda de las jaulas de los pájaros a la vecina de abajo...un guarro lo que yo te diga. Pero además tiene tres o cuatro gatos que se asoman a la ventana y uno de ellos se le ha caído a la calle como tres veces...ya solo le quedan cuatro vidas( por aquello de siete vidas tiene el gato)...Ya ves yo aquí con un gato suicida y tu con un vecino exhibicionista...que mal repartido está el patio XD...Bueno yo también voy recogiendo..

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Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a