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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Si tuvierais la ocasión de comprar lo que más deseáis, ¿qué compraríais?

  Los primeros rayos de sol entraron por la ventana, la luz hizo que se despertase. Apenas había podido dormir esa noche, aquella pesadilla aún le daba vueltas en la cabeza. Al asomarse vio algo a lo lejos que brillaba, no podía distinguir de qué se trataba.  De repente, lo vio moverse y emprender el vuelo y con sus alas negras se posó en la ventana frente a ella. Era un cuervo, un cuervo de gran envergadura que portaba un colgante de plata en el pico. El corazón de rubí resplandecía ante ella. Era el corazón que ella le había regalado un mes antes de que partiera hacia la batalla. El cuervo se adelantó y depositó el colgante frente a ella, como queriéndole decir algo. Al verlo de cerca, tuvo un mal presentimiento. Un recuerdo vino a su mente, la noche antes de su partida ella le hizo una pregunta.
-Si tuvierais la ocasión de comprar aquello que más deseaseis, ¿qué compraríais?
El la miró fijamente a los ojos y sin pestañear un segundo respondió.
-Tiempo.
-¿Tiempo?-preguntó ella sorprendida ante la respuesta.
-Si, tiempo para soñar, para reír, para ver un futuro juntos.... tiempo para amaros. 
Ella no supo que decir, solo le pidió que le prometiese que volvería pronto.
 Tomó el colgante en sus manos y se lo acercó al pecho, y recordando aquellas palabras sus ojos se inundaron de lágrimas. Y susurraba repetida e inconscientemente...tiempo. Al alzar la vista vio como una luz le cegaba y el cuervo desaparecía. Pero algo llamó de pronto su atención, el cuervo se había posado sobre el reloj solar del jardín, luego alzó el vuelo y desapareció ante sus ojos. Bajó al jardín y leyó la inscripción de la piedra "tempus fugit", sin saber por qué depositó el corazón sobre la misma, abatida por el dolor, lloró  amarga y desconsoladamente.

Comentarios

  1. ¿El tiempo vuela? Claro que vuela, y nos deja sin aliento y apenas nos damos cuenta de su paso porque no tenemos tiempo de pensar en el tiempo. El tiempo y su transcurrir, monótono y despiadado nos lleva lenta e inexorablemente hacia el final de nuestro tiempo cuando ese tiempo nos es arrebatado por la parca y su guadaña.
    Perdona Isabel por el comentario un tanto negativo pero es que estoy un poco melancólico. Días mustios que tiene uno de vez en cuando. Saludos.

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    Respuestas
    1. La historia tiene también ese punto melancólico, de como se nos escapa el tiempo así sin que nos demos cuenta. Y muchas veces lo perdemos en dar importancia a todo aquello que no la tiene, y claro luego no hay marcha atrás...esa es un poco la esencia de esta historia.

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  2. Muy triste la historia, pero a la vez muy bonita. El tiempo vuela ante nosotros igual que el cuervo.

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    1. A veces demasiado deprisa....debería tomarse un descanso e ir un poco más lento.

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NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
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