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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

La traición


Había oído muchas historias sobre aquel bosque, no obstante se iba adentrando en él. Caminaba sin rumbo, sin apenas darse cuenta. En su mente una sola imagen, la de su novia y su mejor amigo yaciendo desnudos en su cama. Hubiera querido matarlos allí mismo, pero no lo hizo, solo les gritó y les amenazó. Después se marchó dando un portazo,y empezó a caminar sin un rumbo fijo. El dolor y el desengaño por la traición le ahogaban, apenas podía respirar. El estado de ansiedad era enorme, y el dolor en el pecho era como si miles de agujas penetraran en su pecho. Cuando quiso darse cuenta estaba en ese bosque dando vueltas a lo sucedido. Lágrimas de rabia y desesperación corrían como torrentes en aquel rostro congestionado.
 Caminó por una alameda que parecía conducirle a un claro en el corazón mismo del bosque. Al llegar al claro, respiró profundamente sin reparar en nada. Un enorme pájaro aleteó a su espalda, se giró para verlo pero allí no había nadie. Al volver la vista al frente la vio, era una joven de pelo cobrizo que parecía ejecutar una danza extraña, movía las manos acariciando la hierba y el viento parecía bailar con ella formando olas en ese inmenso mar de hierba. Por un momento se olvidó de todo. Al verlo, ella se quedó parada mirándolo fijamente. Él se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
  La tarde iba llegando a su fin, y las nubes iban ocultando el sol, dando paso a una lluvia fina y tranquila. La joven parecía ahora triste. El avanzó hasta ella.
-Espera-dijo él.
-Es tarde, tengo que marcharme-respondió ella mirándolo con gesto triste.
-Te acompaño, para que no vayas sola-insistió él-el bosque de noche es muy peligroso.
-Dónde voy tu no debes acompañarme-soltó ella como si de un acertijo se tratase.
-En ese caso, no insistiré-comentó él contrariado-total ya me da igual todo, solo me falta que el alma de la hija del guardabosques me empuje por el risco de la serpiente.Me haría un buen favor.
-Qué tonterías dices-se rió ella.-Todo eso son mentiras. 
-¿Y entonces todos esos cuerpos encontrados a lo largo de los años, qué me dices?
-No son más que jóvenes desesperados como tú quitándose la vida en un acto inconsciente-respondió ella.
-Qué sabes tu de mí para hablarme así-la increpó él.
-Porque lo veo en tus ojos.
-No sabes nada de mí-insistió él.
-Sé que tienes un dolor muy grande, que tu mente está ofuscada por una traición, puedo verlo.
-¿Cómo sabes todo eso?-preguntó él con cierto temor. Le empezaron a temblar las piernas. Algo le decía que aquella joven no era normal.
-Porque viví esa misma experiencia, porque además llevo mucho tiempo intentando evitar que otros cometiesen el mismo error que yo, y porque quiero evitar que tu sigas el mismo camino-respondió ella con los ojos llenos de lágrimas.
-Entonces tu....
-Sí, soy yo-asintió la joven.-Créeme nadie merece que te quites la vida, nadie. Olvídate de ella, y busca nuevas vías que te permitan ser feliz. Yo no supe verlo y lo pagué bien caro. 
-Creo que tienes razón-reflexionó él.-Es curioso, hasta que entré en el bosque mi única idea era acabar con todo, pero al verte me olvidé de la razón que me había traído hasta aquí.
-Si consigo salvarte de tu idea suicida habré concluido mi misión en este bosque, pero tú podrás visitarlo siempre.
-Si viviendo yo, tu alma puede descansar en paz. Te prometo que viviré y vendré siempre que pueda a este claro del bosque y recordaré a la joven pelirroja que me salvó la vida.
 Se marchó a casa, con la mente despejada y con la idea de vivir. Tenía ilusión, ganas de comenzar una nueva vida. En otro sitio, en otro lugar pero con otra visión de las cosas. Tenía pensado poner en venta el piso de la discordia y olvidarse de las personas que le habían traicionado. 
  Al cabo de una semana de cambios y de mucho trabajo volvió al bosque, llegó hasta el claro y la hierba se mecía como el mar en pleno oleaje. Él cerró los ojos y se dejó llevar por el viento acariciando la hierba. Recordó su rostro, era como si la viese y viese sus ojos de azul intenso mirándolo fijamente sonriendo. Él sonrió y antes de marcharse depositó un ramo de rosas rojas en el mismo sitio dónde la vio días antes... 

Comentarios

  1. Dicen que todo sucede por algo, aunque en ese momento creamos que es lo peor que nos puede ocurrir. Y puede que sea cierto, cada vez que una puerta se cierra otra se abre, aunque a veces sea un poco...¿terrorífica?

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    1. Eso dicen...es una puerta algo misteriosa. Cuando vi esa imagen me sugirió al momento un relato algo inquietante y con algo de luz al final del túnel. Aunque pensé en un final distinto, inesperado como a mi me gustan.

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  2. Ojalá podamos encontrar a una pelirroja que nos detenga cuando no vemos más que un camino, un camino que nunca se debiera tomar y menos por un desamor. Oye perdona mi pragmatismo pero... "a rey muerto rey puesto". Es cierto que cuando nos hieren el corazón a veces es complicado levantarse pero si lo analizamos sosegadamente podermos llegar a la conclusión que para qué estar con alguien que traiciona nuestra confianza y que por supuesto no nos ama. En esos casos es mejor enamorarse de una cabra, a lo mejor ella es mucho más fiel.
    Me ha gustado mucho tu relato, inquietante pero a la vez hermoso. Además encierra una gran máxima: Siempre hay alternativas, otros caminos que recorrer y otras batallas que combatir.

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    1. Ahí está, cuando nos hieren en el corazón estamos obcecados en lo que nos han hecho y siempre es bueno tener a alguien que nos de otra visión, que nos permita reflexionar de que ahí no se acaba todo. Y si no lo hay, pues tenemos que echar valor y enfrentarse al dolor y levantarse, costará más o menos, pero al final se logra. En estos casos hay que curar heridas, cerrar puertas y abrir otras nuevas, y sobre todo abrir los ojos y seguir adelante.

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   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a