Ir al contenido principal

Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Obsesión III

María de la Riva y su desconocida acompañante entran en el interior de un coche oscuro con las lunas tintadas. En el interior hay un segundo individuo con unas gafas oscuras al volante. El secuestrador que les apuntaba hace unos segundos, entra con ellas. Les sigue apuntando y les amenaza para que permanezcan calladas.
  José permanece incomunicado en uno de los calabozos de la policía a la espera de ser interrogado. Mientras tanto, Javier denuncia en comisaría la desaparición de su amiga Judith. Parece alterado y no sabe por dónde empezar. El oficial de policía que le atiende intenta que se tranquilice y le cuente paso por paso todo lo ocurrido. Un joven agente que atiende al oficial parece sospechar de Javier.
-¿Cuál es su relación con el detenido?-interrumpe el agente más joven.
-Eramos amigos desde hace poco tiempo.-Hace una pausa mientras toma un poco de agua que acaban de traerle, luego respira profundamente y prosigue.-En realidad, nos presentó Judith, saben. Ella es vecina de José.
-¿Sabe desde cuando se conocen ellos?-pregunta el oficial.
-Desde el mes de septiembre pasado-responde dudoso-los dos estudian Ciencias de la Información.
-¿Y usted de qué conoce a Judith?-interviene de nuevo el agente más joven.
-A Judith la conozco desde la infancia, eramos vecinos sabe-se muestra pensativo, casi melancólico-para mí es como una hermana.
-Ya, y ¿notó algo extraño en sus amigos estos últimos meses?-pregunta el oficial que empieza a sospechar algo.
-La verdad es que no, a no ser que tener la pared de su cuarto empapelada de fotografías de María de la Riva sea sospechoso-suelta mientras esboza una sonrisa malévola, casi imperceptible.
-¿Y nos puede decir quién tiene esa pared empapelada de fotos de María de la Riva?-pregunta el oficial.
-Bueno,la verdad es que es comprensible si tenemos en cuenta que José está enamoradísimo de María de la Riva-responde con aire de suficiencia.
-¿Y usted, es fan de María de la Riva?-inquiere el agente.
-Claro, y quien no. María de la Riva es un pivón...aparte de una gran actriz, claro-responde casi ofendido.
 El oficial y el agente se ríen y asienten ante la respuesta del joven. Luego, le hacen firmar la denuncia de la desaparición de Judith y le piden los datos de la familia de Judith para ponerse en contacto con ellos.
Antes de marcharse Javier, el agente le hace otra pregunta.
-¿Sabe usted si José tenía otros amigos que frecuentaran el piso?
-La verdad es que no sé-se muestra confundido. Luego responde algo sin pensar-Recuerdo a un tal Pedro, un friki de los cómics y eso. Rarezas que tiene uno.
  Los agentes de policía acuden al piso de José y de Judith para recabar pistas que les conduzcan al esclarecimiento de los hechos.
  En el piso de Judith no hay nada fuera de lo normal, pero al entrar en el de José se encuentran la pared empapelada de fotos y un extraño altar con unas velas y en el centro la fotografía de la última película de María de la Riva. En otra habitación encuentran cartas supuestamente escritas por José a María de la Riva. El oficial al verlo se queda sorprendido y convencido que tienen a su hombre. El joven agente, no está tan convencido. Hay algo que no le cuadra en toda esta historia.
-Perdone, pero en esta historia hay más de un implicado y me parece que el detenido solo es un chivo expiatorio.
-No crea, para mí que José es el cerebro y el friki y algún tarado más los cómplices.
-Mi teniente, para mí que José es tan víctima como María de la Riva-replica el agente.
-¿Está seguro de lo que afirma?
-Sí, tan seguro que hoy es miércoles y alguien nos quiere tomar el pelo. Lo único que no tengo claro es cuál es el móvil de este secuestro.
-Pues para mí que el tal José está tan implicado como los demás.Quizás solo sea un peón en este juuego, pero un peón muy útil.

Continuará...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a