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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Obsesión X. Final

Julio y Alberto suben con el equipo de trabajo. Se cruzan con algunos vecinos del edificio, que hartos de las continuas reformas en los pisos, les exigen que eviten estropear los ascensores con los escombros.
  Entran en el apartamento de María, siguen por el pasillo hasta la habitación del fondo. Abren el vestidor y comienzan a sacar la ropa y todos los zapatos. Cuando ya no les queda nada en su interior, empiezan a hacer un agujero en la pared. Por las escaleras suben cuatro agentes de policía. Algunos vecinos se sorprenden.
  Llegan hasta el apartamento, y con una llave maestra abren la puerta. Julio y Alberto están tan enfrascados en recuperar las joyas que no oyen la entrada de los agentes. Cuando quieren darse cuenta los policías están allí apuntándoles con sus armas.
   
   Javier está apunto de apretar el gatillo, pero la puerta se mueve y en un acto reflejo dispara hacia la puerta. Un policía joven e inexperto yace herido en el suelo. María aprovecha ese momento y le lanza una silla sobre la cabeza, Javier se tambalea y pierde el arma pero sigue controlando la situación. Reacciona rápidamente y coge a María por el cuello. El agente García acaba de entrar. 
-¡Suelte a la chica!-le ordena el agente García apuntando a la cabeza de Javier.
-Ni lo sueñe agente-responde Javier. Si da un paso más le rompo el cuello a la chica.
-Sabe que no tiene posibilidad de salir de aquí, deje a la chica y entréguese.
- Creo que quien no me ha entendido es usted, o tiran las armas o le rompo el cuello.
El agente García sopesa la situación, pero ve que María está sin apenas aire. Su cara está tomando un color amoratado. Judith vuelve en sí, se encuentra en el suelo al lado del revólver de Javier. Lo coge sigilosamente y se coloca detrás apuntándole a la cabeza.
-¡Suéltala o te juro que te vuelo la tapa de los sesos ahora mismo!
-No lo harás, eres una puta cobarde y no lo harás-se burla Javier apretando cada vez más fuerte el cuello de María.
-Juro que lo haré-insiste Judith
-No, no lo harás.
-¡Te digo que la sueltes pedazo cabrón!-grita furiosa Judith.
-¡Cállate puta!
María se queda sin aire dejándose caer. 
Judith aprieta los dientes y dispara sobre la cabeza de Javier. Tiene la cara salpicada por la sangre de Javier que yace muerto en el suelo. María empieza a tomar bocanadas de oxígeno y tose fuertemente. Va recobrando el color. Judith acaba de tirar el arma y no para de repetir..lo hice,lo hice, te avisé, te dije que lo haría, lo hice..
    José ayuda a sobreponerse a María de la Riva que se duele del hombro izquierdo. El agente García acaba de avisar a la central para comunicar lo sucedido. Pero algo le viene rondando la cabeza desde hace horas.
-José, hay una pregunta que me viene rondando la cabeza desde hace horas.
-¿Cuál?
-¿Por qué Julio le envió a usted un mensaje si apenas se conocían? quiero decir que si ustedes apenas se conocían cómo es que tenía su número de teléfono.
-¿Así que Julio se ha echado atrás en el último momento verdad?-Interviene Judith. En tal caso me alegro, de no haberlo hecho quizás ahora María y yo estaríamos muertas.
-Sí, fue él quién nos dijo dónde podíamos encontrar a María de la Riva. Aunque José también tenía la corazonada de que pudiera estar en esta finca.
-¿Se acuerda de la fotografía que usted encontró en mi casa?-le recuerda José. Pues cuando estuvimos allí hace un año, Alberto y Julio trabajaban haciendo reformas. Yo tenía que arreglar mi cuarto de baño y Julio accedió a hacerme la reforma. 
-José no tiene nada que ver en esto agente-Confiesa Judith. En realidad, nos aprovechamos de su admiración por María para desviar la atención hacia él y ganar tiempo para recuperar el botín que un año antes obtuvieran Alberto y Julio de un atraco a una famosa joyería. Pero no contábamos con la mente retorcida de Javier. Quizás fuese eso lo que temiera Julio y se echara atrás.
-¿Entonces el autor de las cartas?-pregunta José.
-Era Javier, lo supe cuando empezó a hablar en ese tono....-responde María.
-¿Y ahora que suerte nos espera?-Pregunta Judith.
El sonido de las sirenas está ya próximo a la finca.
-Julio y usted quizás se puedan beneficiar de una rebaja de la condena. Su novio, Alberto "el perlas",
-Maldito bastardo, y maldita yo por dejarme llevar por él. Nunca debí hacerle caso, nunca-se lamenta Judith entre sollozos.
 Se la llevan esposada, María y José la saludan mientras el coche de policía se la lleva camino de la comisaría. Luego suben en otro coche junto al agente García.

Comentarios

  1. ¡Vaya final de la historia! ¿De manera que el motivo de secuestrar a María de la Riva era para poder acceder a su apartamento y apoderarse de las joyas robadas en el atraco a la joyería? Después de leerme la historia completa he llegado a la conclusión de que estos secuestradores eran unos chapuceros. La verdad es que no eran más que delincuentes de medio pelo que todo el asunto los sobrepasó y encima todo les salió mal, más por su ineptitud que por otra cosa.
    Poniéndome en la piel de estos bandidos: para dar un golpe de ese calibre no te tiene que remorder la conciencia como les pasó a Julio y Judith y tienes que llegar hasta el final con todas sus consecuencias de lo contrario estás perdido. Todo el asunto del secuestro se lo tomaron de manera un tanto frívola y le salió como el culo.
    Como en tantas historias de esta naturaleza, casi siempre al final, terminan por ganar los buenos… gracias a Dios.

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    1. Es que Alberto es un ladrón de poca monta, así que lo del secuestro les sobrepasó. Además Judith y Julio se dieron cuenta de que no tenía sentido liquidar a la actriz. Y luego estaba la obsesión de Javier, que ese el desencadenante para que tanto Julio, como Judith se arrepintieran.

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  2. No soy muy de este tipo de historias, pero esta no ha estado mal. A ver si vuelvo a la rutina y a estar más por estos lares para poder coincidir un poco más.

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    1. Eso, vuelve que se te echa de menos. La historia esta me ha costado terminarla porque quería profundizar un poco más, pero si lo hago entonces no la termino nunca.

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Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a