Ir al contenido principal

Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

Sueños

Doctor, ¿es posible recordar sueños antiguos? Verá a veces sucede que recuerdo sueños de hace tiempo y también lo que sentí durante el mismo. Recuerdo un sueño en el que caminaba a través del campo, la hierba era alta y había mucha oscuridad. Tenía miedo y caminaba deprisa, muy deprisa. Las nubes eran de un gris oscuro y en el horizonte había una luz. La luz me producía serenidad y en el afán de salir de esa oscuridad empecé a buscar la forma de ir hacia esa dirección. Al acercarme vi una casa que contrastaba con el paisaje sombrío, la luz procedía de la casa. Y cuando iba acercándome me sentí seguro, y despierto, porque me desperté en ese momento. Quería dormir otra vez, pero no lo logré. De vez en cuando me acuerdo de la casa y de aquella sensación. No sé lo que significa.
Doctor hubo otro sueño que me inquietó durante un tiempo y, la verdad, tuve miedo. Soñé que salía de mi casa, pero al salir al descansillo del edificio vi que todo era distinto. Me fui al ascensor, un ascensor aparentemente antiguo, pero al mismo tiempo moderno. Al abrirse vi a una mujer a la que conocía, era Lidia, la amiga de mi madre. Me quedé parado, porque aquella mujer había fallecido años antes, ella me pidió que entrara al ascensor y entré, tocó un botón nacarado que se iluminó, el ascensor subió al sexto piso y la puerta se volvió a abrir, allí estaba mi madre que me pidió que saliese de aquel ascensor. Yo obedecí y ella le dijo que no me llevase a mí, que ella la acompañaría. Me angustié muchísimo y salí corriendo por las escaleras presionando todos los botones, podía sentir el cansancio en mi cuerpo, hasta que conseguí que parase en el tercero. Volvió a abrirse y mi madre salió y se despidió de ella. Me miró y dijo que volvería a visitarme más tarde. Mi madre le dijo que no, que ella ocuparía mi lugar. Eso me entristeció y agarré fuertemente la mano de mi madre, ella me dijo que estuviese tranquilo que no me pasaría nada malo.

 Y aquí estoy doctor, ella se marchó antes que yo, unos años más tarde de aquel sueño, pero a veces recuerdo aquella sensación de angustia en aquel ascensor tan extraño. ¿Cree usted que ella se cambió por mí? ¿Tiene algún significado ese sueño?

© Todos los derechos registrados: código de registro: 1612060013068 

Imagen: Pixabay


  

Comentarios

  1. Ainsss...me has dejado con el corazón en un puño!! Me encanta. Qué buen relato.
    Besos grandes Isabel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los sueños son así, a veces indescifrables, otras enigmáticos y algunas veces inquietantes, e incluso agradables. Me alegro de que te haya gustado. Besos para ti preciosa.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a