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Me está mirando IX

Le tocaba hacer guardia esa noche, aunque hubiera preferido quedarse en su casa tirada en el sofá viendo su programa musical favorito. Mac Farlane estaba medio adormilada en su mesa delante de la pantalla del ordenador. Gertrud, la enfermera de guardia, se acercó para llevarle un café caliente. Al depositar la taza sobre la mesa un ruido extraño llamó su atención y la de Mac Farlane que dio un respingo.
-Gertrud, acércate a ver qué pasa-dijo bostezando con cara de fastidio. -Parece que la doctora Svenson está aún en su consulta-contestó Gertrud.
-No digas tonterías, la doctora se fue hace más de una hora, anda vete a ver qué pasa.
Respiró hondo y se dirigió hacia el despacho de la doctora Svenson, por un momento creyó oír la risa de un hombre, pero las luces del despacho estaban apagadas. Abrió la puerta y encendió la luz, no había nadie. Se sobresaltó cuando de repente una ráfaga de aire hizo que se movieran las cortinas las cortinas y los papeles que habían sobre la mesa volaran cayendo…

El maldito resfriado

Con este frío no hay quien se libre de pillar un resfriado, y no por el frío en sí mismo, sino porque el virus se propaga con más rapidez ya que en invierno pasamos más tiempo compartiendo espacio con otras personas en vez de estar al aire libre. En el momento que hay alguien resfriado a nuestro alrededor es inevitable que el virus del resfriado nos lo llevemos con nosotros. Y claro con el frío que está haciendo estas últimas semanas permanecer mucho tiempo en la calle no es que sea algo muy apetecible. 
Yo para no ser menos que el resto, faltaría más, me pillé mi resfriado. Es que soy muy solidario. Lo curioso de cuando estás resfriado es que todo el mundo tiene un remedio que, según ellos, es mano de santo y se te quita al instante. Tú por si acaso pruebas, porque estás con una congestión bestial, imaginad el panorama: ojos saltones tipo camaleón cabreado, la nariz más que nariz parece un pimiento morrón, voz congestionada, sordera a tiempo parcial, dolor de garganta y una tos con aires de tenor. A veces a todos estos síntomas les acompaña un dolor de cabeza que parece que dentro estén haciendo mudanza y la fiebre para rematarte del todo.



Además de los consejos de tus amigos están los anuncios de televisión. Ahí estás tu enfundado en tu manta en el sofá de tu casa frente a la "caja tonta" y llega el anuncio que te promete aliviar tu garganta con la pastilla o caramelo milagroso. Y dile adiós al dolor de garganta...pero el dolor de garganta no se va, sigue ahí y lo que pillas es un empacho de caramelos.
Luego está el campeón de todos los anuncios de este tipo de medicamentos, ese que dice que no te pares por el resfriado. Este anuncio me hace gracia hombre, si ese que el individuo está para que lo recojan con cucharilla, pero se toma el mejunje o brebaje ese y aparece fresco como una lechuga y se va a pescar con sus hijos porque si se toma eso ya se le pasa todo. ¡Mentira podrida! si se toma eso no le dura el alivio de los síntomas del resfriado ni media hora, y si te vas a pescar lo más que vas a pescar será una pulmonía, porque hasta los peces les da pereza salir con este frío. Si pudieran hablar dirían...¡A dónde vas con ese resfriado gilipollas! 



 Al final de todos estos anuncios siempre te aconsejan que consultes con tu farmacéutico, aunque más que consultar con el farmacéutico lo que debes hacer es irte, como hago yo, a tu médico de cabecera y que sea él quien te diagnostique adecuadamente y te mande tu tratamiento para el resfriado, la gripe o cualquier enfermedad y no te auto-mediques. Ese es mi consejo. 

©Texto registrado.

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Doradas a la sal y salsas para acompañar a las doradas

NOTA: esta receta se puede hacer con lubina, dorada y  con lisa o mújol. Y se les puede acompañar con patatas, verduras o con lo que mejor gustéis. Si quieres imprimir esta receta está disponible en:https://www.facebook.com/algomasquecuento
Ingredientes (para cuatro personas)4 doradas de 400 g. aprox. -sal para cocinar al horno (suelen ser de dos kilos y se venden en cualquier supermercado). Preparación:
   Colocamos las doradas enteras (con su piel) en una bandeja de horno cuyo fondo esté cubierto de la sal. Un truco para que no tengamos luego que pasarnos mucho tiempo limpiando sería cubrir previamente la bandeja con papel de horno y luego cubrirlo con la sal.    A continuación, cubrimos los pescados con el resto de la sal, pero atentos, tenemos que dejar el ojo del pescado al descubierto, pues cuando el ojo se ponga blanco eso nos indicará que el pescado ya está hecho.


   Una vez que lo tenemos cubiertos, lo entramos en el horno que lo habremos pre-calentado previamente, y lo pondremos a